sábado, 23 de mayo de 2009



Comprendo ahora que no queda nada, mas no sé porqué, aun no me vienen las ganas de llorar. Sin nadie a quien querer, sin nadie por el que sonreír, o cantar bajo la lluvia.
Las calles con su rostro lívido se mueven desconcertando mi caminar poco armónico.
Quizás sea en el aniversario de mi amable soledad, que por fin encuentre algo que se aferre a mi, de tal forma como yo lo he hecho a mi rutina del vivir.
Si pudieras ver lo que ocurre cuando estallan mis ganas de vivir, o lo que sucede cuando incendio el canto y las ansias de abrazar aquello totalmente fugaz e intangible.

Liberar lo que pienso en palabras que luego sepultaras en tu universo vacío, seria perder el poco tiempo que me queda. Preferiría sentarme a ver fotos, escuchando esos estribillos que tanto me remueven la mente dejando aflorar dentro de mi un sin fin de reminiscencias, recuerdos, sensaciones, y sentidos renovados que me transportan a días en que el sol brillaba en lo alto, y las mariposas revoloteaban, sí, esos días en que tu mal humor no me importaba en lo mas mínimo.ni me dejaban aplastada los enfrentamientos violentos con mi propia orientación.

El escribir todas estas cartas sin destinatario me hacen sentir tan libre, que siempre al final termino burlando mi propia desgracia, con carcajadas, de alivio o quizás desesperación, mas ahora no importa, porque el invierno no afloja, y queda tiempo para que los árboles renazcan en flor, y llegue ese aroma que tanto me agrada se apodere de mis pulmones estrechos, la primavera se esta acicalando, mientras la peina el porvenir, luego vendrá a su cita, con este presente de grises colores.