El hambre me sigue molestando el interior, y las ganas de llorar desconsoladamente en medio de la calle, me golpean la poca fuerza que aun me queda para mantenerme en pie, apretar los puños y contener la amargura. Hasta hace un tiempo, me hubiese sobado el estomago, respirado y aguantar un poco mas hasta llegar a mi hogar. Mas ahora saber que no habrá nada mejor esperándome bajo aquel techo frió y sin vida lleno de conflictos y disgusto, me hace sostener la mochila con poca fuerza y dejar pasar las horas sentada en los bancos de cemento que me hielan la espalda y se ríen de mi.
Un par de canciones en el mp3, me acompañan hasta que la miserable pila se agota, igual que mi animo. Es hora de tomar el bus. Al menos un tiempo para dormir y olvidarme de todo, por lo menos hasta que alguna vieja idiota me exija de mala manera el asiento.recorrer con la mirada toda la gente del bus es algo que acostumbro a hacer.
Siempre hay algún espécimen raro al que observar o quizás alguna belleza interesante que admirar. Otra vez se asoma la iglesia, anunciando le llegada a este aburrido pueblo, este es el momento en el que me resigno a aceptar que no tengo otra dirección que casa .mas pienso que ya caerá la noche y consigo luego la mañana para volar a un limitado espacio un poco mas allá de mi mente, donde soy un numero mas de polerones azules, un error entre cuantos otros.
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