
Tanteando apenas y tropezando con los cuerpos desanimados de mis propios fantasmas imaginarios, buscaba un espacio entre la nada, o quizás un vacío entre el todo, ya no distingo mucho pero a veces siento que entre yo y ellos hay algo diferente.
Ni aquí ni allá se encuentra mi felicidad, pero la tristeza habita en aquellos rincones que a veces salen a encontrarme cuando estoy sola. La bruma espesa que mezcla lo bueno y lo malo, haciendo un producto bastante humano que trata de engañarme dándome sonrisas, abrazos, regaños y que mas. No hay barrera que límite este lugar. Y aunque me divierte a ratos, hay minutos en los que la magia se esfuma como ella misma. Y me quedan las manos vacías y el alma llena de agujeros huecos y retorcidos.
Las memorias del sol en lo alto, el aire frío en la cara, los dedos inconcientes, los árboles amarilleando, las sombras congeladas y el mundo siempre ahí, feliz, único…perfecto, sin disputas, sin rivalidades, sin nada que escoger, mas sin tener mas opciones, descansaba entre mis brazos una fantasía pintada con detalles deliciosos.
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